El sol, en el tubo circular, esconde la luz perfecta que no vemos. Después cabalga por el mar, volviendo atrás el tiempo embrabecido del cielo. Se aleja, en un punto ínfimo del horizonte, escapándole a la noche, como asustado. Delega en el círculo de plata la necesidad de la tristeza. En un momento, como queriendo morder su pelo se enrrosca en alba y aguacero. Se arrepiente, se posa solo y enojado, creyéndose víctima y no artesano. No, no le importa el dolor, tampoco el amor. Pero casi seguro mas que a vos.